Una foto después de terapia.
Un video celebrando un avance.
Una historia contando el diagnóstico.
Una publicación agradeciendo a médicos, terapeutas o familiares.
Todo puede nacer del amor, del orgullo o de las ganas de compartir un proceso importante.
Pero en internet existe una pregunta que vale la pena hacer antes de tocar el botón Publicar:
¿Esta historia es completamente mía para contarla?
La infancia también tiene una huella digital
Cada fotografía, nombre, ubicación, colegio, diagnóstico, tratamiento o video publicado puede ir construyendo información sobre un niño antes de que él mismo tenga edad para decidir qué quiere compartir.
A esta práctica de publicar contenido sobre nuestros hijos se le conoce como sharenting.
Y no significa que las familias deban desaparecer de las redes sociales.
Significa comenzar a tomar decisiones digitales pensando también en la persona que aparece en la publicación. UNICEF recomienda considerar el consentimiento, la audiencia, la cantidad de información compartida y el posible impacto que ese contenido podría tener para el niño en el futuro.
Con discapacidad aparece una capa adicional de información
Imagina una fotografía aparentemente sencilla durante una terapia.
En el fondo aparece el nombre de la institución.
En la descripción se menciona el diagnóstico.
El uniforme permite identificar el colegio.
La publicación revela qué días asiste a terapia.
Y el perfil tiene además su nombre completo.
Sin querer, varias piezas pequeñas terminan formando una historia bastante detallada.
Por eso, cuando hablamos de privacidad digital en niños con discapacidad, vale la pena prestar especial atención a información sobre diagnósticos, tratamientos, rutinas, dificultades, procedimientos médicos o momentos de vulnerabilidad.
Antes de publicar, cambia de perspectiva
Prueba una pregunta sencilla:
¿Me sentiría cómodo si alguien publicara esto sobre mí?
Después, agrega otra:
¿Mi hijo podría sentirse cómodo encontrando esta publicación dentro de diez años?
Una fotografía divertida para los adultos puede convertirse después en una imagen que el niño preferiría mantener privada.
Un video de un momento difícil puede contar una historia que él nunca decidió hacer pública.
Y una publicación sobre salud puede terminar circulando mucho más allá del grupo de personas para quienes fue pensada.
¿Un niño puede decidir?
Depende de su edad y de su capacidad para comprender la situación.
Cuando pueda expresar una opinión, vale la pena incluirlo en la conversación:
“Quiero publicar esta foto, ¿te gusta?”
“¿Está bien si cuento esto?”
“¿Prefieres que no la suba?”
En Colombia, el tratamiento de datos personales de niños y adolescentes tiene una protección especial. La Superintendencia de Industria y Comercio señala que debe respetarse su interés superior, sus derechos fundamentales y su derecho a ser escuchados, teniendo en cuenta su nivel de madurez.
La imagen de un niño tampoco debería entenderse como un recurso disponible automáticamente para publicidad o redes sociales. La SIC ha intervenido en casos de publicación de imágenes de menores sin las autorizaciones correspondientes.
También importa lo que aparece alrededor
Antes de publicar una foto puedes mirar durante diez segundos todo lo que contiene.
¿Se ve el nombre del colegio?
¿La ubicación está activada?
¿Aparece una placa, dirección o documento?
¿Se alcanza a leer información médica?
¿Hay otros niños en la imagen?
¿Es necesario mencionar el diagnóstico para contar la historia?
A veces proteger la privacidad no significa dejar de compartir.
Significa compartir menos información.
La configuración “privada” ayuda, pero no vuelve privado todo lo que publicamos
Una captura de pantalla puede salir de un grupo.
Una fotografía puede reenviarse.
Un video puede descargarse.
Por eso UNICEF recuerda que, una vez compartimos contenido en internet, controlar completamente lo que ocurre después puede ser muy difícil.
Esto cobra todavía más importancia con herramientas capaces de copiar, modificar o reutilizar imágenes mediante inteligencia artificial.
Compartir una historia también puede hacerse con cuidado
Las familias tienen experiencias importantes que contar.
Hablar de discapacidad puede educar, crear comunidad y ayudar a otras personas que están empezando el mismo camino.
La pregunta no es simplemente si debemos publicar o no.
La pregunta es cuánta información necesita realmente internet para comprender esa historia.
Podemos hablar de inclusión sin exponer momentos íntimos.
Podemos celebrar avances sin mostrar información clínica.
Podemos contar experiencias familiares conservando espacios que pertenecen únicamente al niño.
La reputación digital también empieza mucho antes de que una persona abra su primera red social.
Y los adultos ayudamos a construirla.
En @aconinoacn hablamos de discapacidad, familia, cuidado, autonomía y participación desde una mirada respetuosa.
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